El avión que trasladó al Pontífice
aterrizó en el aeropuerto "Reina Alia" de la capital jordana donde
le esperaban el rey Abdalá II de Jordania, acompañado de su esposa,
la reina Rania, así como los patriarcas católicos de Tierra Santa,
obispos, cuerpo diplomático y algunos fieles.
Benedicto XVI pronunció su primer
discurso, de los 28 previstos durante su estancia en Tierra Santa,
en el que abogó por "la libertad religiosa y el respeto de los
derechos inalienables y la dignidad del hombre, así como por
una paz duradera, verdadera y justa
para todos los que viven en Oriente Medio".
El Papa expresó su respeto por la
comunidad musulmana y recordó la iniciativa "Mensaje de
Ammán", dirigida al mundo musulmán para encontrar un consenso que
aleje al extremismo violento, y también el "Mensaje Inter-religioso
de Ammán", que va dirigido a los cristianos y a los judíos para
promover la paz y los valores que comparten el Islám y las demás
religiones.
Violencia evitable
El Papa dijo que estas iniciativas
han dado buenos resultados favoreciendo una
alianza de civilizaciones entre el
mundo occidental y el musulmán, desmintiendo las
predicciones de aquellos que consideran inevitable la violencia o el
conflicto.
"Jordania está en primera línea en la
promoción de la paz en Oriente Medio y en el mundo,
anima al diálogo inter-religioso
y apoya los esfuerzos para encontrar una justa solución al conflicto
israel-palestino, acogiendo a los refugiados de Iraq e intentando
frenar el extremismo".
Este es el duodécimo viaje
internacional de Benedicto XVI, el
tercer Papa que pisa Tierra Santa después de Pablo VI, en
1964, y Juan Pablo II en el año jubilar 2000.
