La investigación se inició a
principios del mes de noviembre de 2008 a raíz de unas informaciones
que apuntaban la existencia de un clan, conocido como
"clan de los emilios", compuesto por una veintena de
personas presuntamente dedicadas al tráfico de drogas en una parcela
situada en la Cañada.
Los agentes contabilizaron unas
250 personas diarias que acudían a
comprar droga y comprobaron que esta parcela funcionaba
desde las ocho de la mañana hasta altas horas de la noche, si bien
la mayor afluencia de consumidores se producía a mediodía, por la
tarde y, principalmente, los fines de semana.
'Modus operandi'
El clan funcionaba siempre de la
misma manera: los hombres captaban a los toxicómanos en el
exterior de la parcela y los acompañaban al interior, donde otra
persona les indicaban donde se iba a producir la venta.
En el interior de la vivienda el
intercambio lo efectuaban las mujeres que, en el caso de una
intervención policial, se desprendían de la droga
tirándola por el retrete,
dentro de una estufa con fuego que tenían para tal fin o en
cacerolas con aceite hirviendo.
Dentro de la finca disponían de
varias viviendas: unas se utilizaban para la venta y manejaban
escasas dosis de drogas que iban reponiendo progresivamente y en
otras se acumulaban cantidades más grandes, así como el dinero
obtenido del tráfico. En el curso de la investigación desarrollada
en Madrid, los agentes se pusieron en contacto con investigadores de
Cáceres, ya que gran parte
de las ganancias generadas por el tráfico podría encontrarse en un
domicilio que la organización poseía en una localidad de esta
provincia.