El Valencia
debe 547 millones
Recién estrenado como
presidente del Valencia, Manuel Llorente anunció que se reunirá con
la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, y el presidente de la
Generalitat, Francisco Camps, para que le ayuden a pagar el nuevo
estadio de Mestalla, paralizado desde febrero por las deudas. En su
anterior etapa en el club, Llorente ya había firmado una sociedad
mixta con las dos instituciones públicas para compartir los gastos
de la construcción del recinto.
El Valencia aterrizó ayer en la
tierra después de cinco años instalado en la irrealidad: el club
acumula una deuda de 547 millones de euros a 30 de junio, 70 de los
cuales se han perdido esta temporada. En los últimos seis años ha
sacado de su caja 300 millones más de lo que ha ingresado. La
entidad estaría abocada a la disolución de no ser porque las
instituciones públicas le han echado el salvavidas de Bancaja,
principal acreedor del club y, desde ayer, principal guardián de la
gestión.
La caja de ahorros entendía que el
club necesitaba líderes fuertes y ha elegido a Llorente, el gestor
que acompañó durante 10 años los éxitos deportivos de Claudio
Ranieri, Héctor Cúper y Rafa Benítez. Llorente, que hasta el viernes
fue presidente del Pamesa, es un directivo muy vinculado a Juan
Roig, dueño de Mercadona. Entre los cientos de felicitaciones que
recibió, una muy significativa: la del presidente del Madrid,
Florentino Pérez, que ya sabe lo duras que van a ser las
negociaciones para fichar a los tres valencianistas que quiere:
Villa, Silva y Albiol. "El reto es volver a crear ilusión con buenos
jugadores y un buen bloque", declaró Llorente.
En el plan de viabilidad previsto,
que durará cinco años, el Valencia traspasará a algunas de sus
figuras, como ya hizo Llorente en su día con Mendieta, Gerard, Piojo
López y Farinós. Para cubrir esas bajas, el club reforzará su
secretaría técnica, comandada por Fernando Gómez. Se trata de fichar
a futbolistas de perfil medio y de reducir en un 30% los salarios de
la plantilla, que ahora ascienden a 112 millones anuales. Una
cantidad desorbitada que no cubren ni el total de los ingresos
anuales: 92 millones.
El Valencia aprobó ayer una
ampliación de capital de 92,4 millones, prevista para después del
verano. Está dirigida en primera instancia a los accionistas, que
tendrán un derecho de suscripción preferente (pueden comprar 10
acciones por cada título) y luego al público en general. Cada título
se vende a 48 euros. En realidad, el club confía otra vez en atraer
"un inversor institucional", según declaró ayer el nuevo
vicepresidente, Javier Gómez, en la junta general de accionistas. El
máximo accionista, Juan Soler, con un 37%, ha sido conminado por
Bancaja a desaparecer del mapa después de que se le considere el
gran culpable de la deuda por el despilfarro durante su presidencia,
desde 2004 hasta 2008. Soler venderá sus acciones, pero nunca por el
precio al que las compró: 600 euros por título.
"Es el momento de democratizar el
club", sugirió el accionista Eduardo Escartí, que propuso que
Bancaja financiara la compra de las acciones de Soler a 48 euros
cada una y que se las cediera a la fundación del club, que actuaría
de fiscalizadora del consejo de administración. "La ampliación de
capital servirá para democratizar el club", repitió Llorente.
Curiosamente, Llorente es uno de los
acusados de la compra fraudulenta de acciones en la primera
ampliación de capital del Valencia, en 1996. Otro que vuelve como
consejero, Vicente Andreu, llega para trabajar en ese plan de
viabilidad urgente. No en vano es uno de los administradores
concursales que tratan de salvar al Levante. Los accionistas le
echaron ayer en cara que se enriqueciera con la venta de acciones
cuando, en 2004, Francisco Roig y Soler pagaban cifras astronómicas
por los títulos. Andreu ganó 82 millones de las antiguas pesetas.
Completan el consejo de administración José García Roig, que llegó
con Vicente Soriano, y los empresarios Társilo Piles y Vicente Gil
Alcayde.
Pero ni la ampliación de capital ni
la venta de jugadores serán suficientes. El club pedirá otro
préstamo de 200 millones, que se unirá a los 240 que ya debe a
Bancaja. Eso le permitiría terminar el nuevo estadio de Mestalla,
cuyo acabado está previsto para marzo de 2011. Según las cuentas, la
deuda actual, de 547 millones, caería ligeramente en 2010 (437
millones), ascendería bruscamente en 2011 (521, cuando se termine el
estadio) y ya descendería casi a la mitad en 2012 (237 millones,
coincidiendo con la venta de las parcelas del viejo Mestalla y de
los servicios terciarios del nuevo campo). En su año al frente de la
entidad, Vicente Soriano, que dimitió el jueves pasado por no vender
el actual Mestalla, incrementó la deuda en 100 millones.
"Necesitamos terminar el campo para
sobrevivir", dijo Javier Gómez, que prevé que los ingresos anuales
suban de 92 a 132 millones con el nuevo recinto. Hay una lista de
espera de 8.000 aficionados que han pagado 100 euros como reserva de
abono en el futuro Mestalla. Para la campaña 2012-13, se confía en
obtener los primeros beneficios. Por último, el Valencia también
prevé vender la ciudad deportiva de Paterna antes de marcharse a
otros terrenos adquiridos en una localidad cercana, Riba-roja, en
los que se construiría otra nueva.
"Tenemos un toro bastante grande",
remató Javier Gómez.

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