Ruido detectado por el GEO 600 probaría
que vivimos en un holograma
El detector de ondas
gravitacionales GEO 600, de Hanóver, en Alemania, registró un
extraño ruido de fondo que ha traído de cabeza a los investigadores
que en él trabajan. El actual director del Fermilab de Estados
Unidos, el físico Carl Hogan, ha propuesto una sorprendente
explicación para dicho ruido: proviene de los confines del universo,
del rincón en que éste pasa de ser un suave continuo
espacio-temporal, a ser un borde granulado. De ser cierta esta
teoría, dicho ruido sería la primera prueba empírica de que vivimos
en un universo holográfico, asegura Hogan. Nuevas pruebas han de ser
aún realizadas con el GEO 600 para confirmar que el misterioso ruido
no procede de fuentes más obvias. Por Yaiza Martínez de
Tendencias Científicas.
En 2006,
Tendencias21 publicaba un
artículo en el que se aunciaba la puesta en marcha del
GEO 600 de Hanóver, en Alemania, un detector de
ondas gravitacionales que se creía podía revolucionar la
astronomía. La misión del GEO 600 consistía en detectar de manera
directa lo que nunca antes había sido detectado: las elusivas ondas
gravitacionales, que son ondulaciones del espacio-tiempo producidas
por un cuerpo masivo acelerado -como un agujero negro o una estrella
de neutrones- y que se transmiten a la velocidad de la luz. Estas
ondas gravitacionales fueron predichas por la
Teoría de la Relatividad de Einstein, pero en realidad sólo se
han podido recoger evidencias indirectas de ellas.
Tampoco el GEO600, en sus años de
funcionamiento, ha conseguido detectar de forma directa las ondas
gravitacionales pero, según publicó recientemente la revista
Newscientist quizá, casualmente, se haya topado con el más
importante descubrimiento de la física en los últimos 50 años.
Gigantesco holograma
cósmico
Un extraño ruido detectado por el
GEO600 trajo de cabeza a los investigadores que trabajan en él,
hasta que un físico llamado Craig Hogan, director del Fermi National
Accelerator Laboratory
(Fermilab), de Estados Unidos, afirmó que el GEO600 se había
tropezado con el límite fundamental del espacio-tiempo, es decir, el
punto en el que el espacio-tiempo deja de comportarse como el suave
continuo descrito por Einstein para disolverse en "granos" (más o
menos de la misma forma que una imagen fotográfica puede verse
granulada cuanto más de cerca la observamos).
Según Hogan, "parece como si el
GEO600 hubiese sido golpeado por las microscópicas convulsiones
cuánticas del espacio-tiempo". El físico afirma que si esto es
cierto, entonces se habría encontrado la evidencia necesaria para
afirmar que vivimos en un gigantesco holograma cósmico.
La teoría de que vivimos en un
holograma se deriva de la comprensión de la naturaleza de los
agujeros negros y, aunque pueda parecer una teoría absurda, tiene
una base teórica bastante firme.
Los hologramas de las tarjetas de
crédito y billetes están impresos en películas de plástico
bidimensionales. Cuando la luz rebota en ellos, recrea la apariencia
de una imagen tridimensional. En la década de 1990, el físico
Leonard Susskind y el premio Nobel
Gerard 't Hooft sugirieron que el mismo principio podría
aplicarse a todo el universo.
Unidades de información
Según esta teoría, nuestra
experiencia cotidiana podría ser una proyección holográfica de
procesos físicos que tienen lugar en una lejana superficie
bidimensional. Desde hace algún tiempo, los físicos han mantenido
que los efectos cuánticos podrían provocar que el continuo
espacio-tiempo convulsionara descontroladamente a escalas muy
pequeñas. A estas escalas, la red espacio-temporal podría
granularse, y estar compuesta de diminutas unidades (similares a los
píxeles) de un tamaño de aproximadamente cien trillones de veces el
tamaño del protón.
Si el ruido captado por el GEO600 ha
registrado estas hipotéticas convulsiones, según Hogan, la
descripción del espacio-tiempo cambiaría radicalmente. Eso supondría
considerar el espacio-tiempo como un holograma granulado, y
describirlo como una esfera cuya superficie exterior estaría
cubierta por unidades del tamaño de la longitud de Planck (distancia
o escala de longitud por debajo de la cual se espera que el espacio
deje de tener una geometría clásica).
Cada una de estas "piezas" del
mosaico universal sería, asimismo, una unidad de información. Y,
según el principio holográfico, la cantidad total de información que
cubre el exterior de dicha esfera habría de coincidir con el número
de unidades de información contenidas en el volumen del universo.
Detección posible o error
de fondo
Teniendo en cuenta que el volumen del
universo esférico sería mucho mayor que el volumen de la superficie
exterior, este galimatías se complica aún más. Pero Hogan también
señala una solución para este punto: si ha de haber el mismo número
de unidades de información o bits dentro del universo que en sus
bordes, los bits interiores han de ser mayores que la longitud de
Planck. "Dicho de otra forma, el universo holográfico sería
borroso", explica el físico.
La longitud de Planck ha resultado
demasiado pequeña para ser detectada hasta la fecha, pero Hogan
afirma que el GEO600 ha podido registrarla porque la "proyección"
holográfica de la granulosidad podría ser mucho mayor, de alrededor
de entre 10 y 16 metros.
Lo que ha detectado el GEO600, en
definitiva, podría ser la borrosidad holográfica del espacio-tiempo,
desde el interior de este universo holográfico. Cierto es que aún
está por demostrar que el extraño ruido captado, de frecuencias
entre los 300 y 1.500 hertzios, no proceda de cualquier otra fuente,
reconoce Hogan.
Esta posibilidad también ha de
considerarse, dada la sensibilidad del detector para captar desde el
ruido del paso de las nubes hasta el de los movimientos sísmicos
terrestres. De hecho, los investigadores del detector se afanan
continuamente en "borrar" ruidos de fondo detectados por el GEO600,
para poder definir lo importante.
Nuevas pruebas
De cualquier manera, si el GEO600
hubiera descubierto el ruido holográfico procedente de las
convulsiones cuánticas del espacio-tiempo, entonces ese ruido
obstaculizaría los de detectar las ondas gravitacionales. Sin
embargo, por otro lado, el hallazgo podría suponer un descubrimiento
incluso más fundamental, sin precedentes en la historia de la
física.
Según
publicó recientemente la web del GEO600, para probar la teoría
del ruido holográfico, la sensibilidad máxima del detector ha sido
modificada hacia frecuencias incluso más altas.
Los científicos consideran que el
GEO600 es el único experimento del mundo capaz de probar esta
controvertida teoría, al menos en la actualidad.

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