Una exposición
revela los secretos de los espías
'La ciencia del... espionaje' es
el título de una exposición recién inaugurada en Londres que
pretende dar a conocer las técnicas de los espías modernos, ahora
que el auge de la vigilancia en Gran Bretaña genera inquietudes de
que se produzca una deriva al estilo de un 'gran hermano'
Esta
muestra, que tiene lugar en el Museo de Ciencias de Londres, se
presenta como "la exposición interactiva más importante sobre los
secretos del espionaje moderno". "Es un tema enorme que interesa a
todo el mundo, todo el mundo quiere ser espía", observa Sara Milne,
directora de la serie de exposiciones 'La ciencia de...', que ya se
ocupó de los extraterrestres y que para el el año próximo prevé una
muestra en torno al cambio climático.
"Queremos
examinar la realidad del espionaje. No es una película de James Bond,
tratamos de las verdaderas herramientas de este oficio", dice. Los
visitantes de la exposición -o "aprendices de espía"- son examinados
sobre su talento a la hora de descifrar mensajes codificados,
obtener informaciones secretas o lograr una cobertura convincente.
También
pueden descubrir algunos objetos y técnicas utilizados por los
agentes de verdad: micrófonos ocultos, máquinas para seguir a
personas, como las minicámaras, o un aparato que permite leer a
distancia lo tecleado en el ordenador. Los visitantes comprueban
asimismo cómo influyen estas tecnologías en sus vidas y lo que serán
en el futuro.
El año
pasado, dos informes alertaron en Gran Bretaña contra una deriva
hacia una sociedad de la vigilancia. Gran Bretaña, donde se cuenta
una cámara de vigilancia por cada 14 habitantes, se ha convertido en
uno de los países donde la gente es más observada y uno de los
peores para el respeto de la vida privada en Occidente, al mismo
nivel que Rusia.
A pesar de
las protestas de los defensores de las libertades cívicas, el primer
ministro Tony Blair piensa instaurar documentos de identidad
biométricos y pasaportes electrónicos, que considera indispensables
para garantizar la seguridad nacional. Blair también quiere ampliar
una base de datos con ADN, que comprendería el código genético de
las personas que han sido detenidas, aunque hayan sido liberadas sin
inculpación, y reforzar el trazado de los vehículos.
La
exposición, preparada con participación de ex agentes del MI6 (el
servicio secreto exterior británico), del servicio de espionaje
militar británico y de la norteamericana Agencia Central de
Inteligencia (CIA), pretende ayudar al público a comprender lo que
está en juego, explica Sara Milne. "Esto abre un debate de verdad",
añade Harry Ferguson, que trabajó para el MI6 en los años 80 y 90.
Entrevistado por la AFP, estima que se necesitan más garantías para
preservar la vida privada de los ciudadanos.
Las
tecnologías del espionaje han evolucionado con suma rapidez en los
últimos 20 años, pero al mismo tiempo la relativa facilidad con que
las informaciones electrónicas pueden ser ser recabadas crea nuevos
problemas. La comisión de investigación de los atentados del 11-S en
EEUU subrayó las deficiencias a la hora de cotejar las informaciones
que obtuvieron.
Harry
Ferguson, que escribió dos libros acerca de su experiencia de la
lucha contra los traficantes de heroína, subraya que seleccionar las
informaciones correctas es cada vez más duro. La consigna es la
"exploración de datos", explica. Esto obliga a los agentes a
recuperar técnicas antiguas: los buzones secretos o la transmisión
discreta de información entre dos individuos en encuentros que
parecen fortuitos no pueden ser detectados por las tecnologías.
Los
servicios secretos se quejan siempre de que no tienen bastante mano
de obra, explica. "Se necesita un trabajo sobre el terreno,
vigilancia, tomar contactos", señala Ferguson, manifestando el deseo
de que esta exposición anime a los niños a seguir la carrera de
espía
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