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¿Qué es la sexualidad?
Quizá parezca una
tontería hacer esta pregunta. Porque casi todo el mundo asegura
conocer los entresijos que engloba la sexualidad. Sin embargo, este
proceso continuo, porque nos acompañará desde el nacimiento hasta la
muerte, es tan complejo -al estar influido por multitud de factores
biológicos, psicológicos, sociales y culturales- que en más de una
ocasión todo lo relacionado con él se nos escapa de las manos.
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Porque, sexuados somos
todos, practicantes de conductas sexuales la gran mayoría -para qué
vamos a engañarnos, la actividad gusta- pero el colmo es que tras un
solo coito vaginal sin la conveniente protección uno puede verse
sorprendido con una infección, un embarazo no deseado o ambas cosas
a la vez.
Ahora bien, en la actualidad, gracias a los métodos preventivos, las
infecciones de transmisión sexual se pueden evitar y con los
anticonceptivos la descendencia se cuida y planifica en función del
futuro económico y de la trascendencia que tiene dar a luz a una
persona. No somos animales que se aparean movidos por las fuerzas
del impulso sexual. Somos personas que engendramos personas.
Sin embargo, los datos que acaba de dar a conocer el Ministerio de
Sanidad nos hacen pensar que todavía existen muchas lagunas en torno
a toda la parafernalia de la sexualidad. Porque el número de abortos
sigue aumentando. Hace unos días, el presidente del IPF, Eduardo
Hertfelder de Aldecoa, en unas declaraciones a «Europa Press» decía
que todo ello se debe al fracaso de la Administración para abordar
esta problemática. Y puede que así sea en el caso de ese 13 por
ciento de incidencia que se da entre adolescentes -sin olvidar,
claro está, la responsabilidad de padres y educadores-. Pero el
estudio indica que los mayores incrementos del aborto corresponden a
personas adultas, entre 20 y 34 años, edades a las que, para qué
vamos a engañarnos, resulta muy fácil tener acceso a la información
sexual y a todo tipo de contraceptivos.
Qué duda cabe de que somos humanos y por eso tenemos fallos. Pero no
se puede infravalorar el sexo. Y la anticoncepción es
imprescindible, siempre y cuando no se desee un embarazo. Pero para
ello es necesario recibir una información adecuada. Y ponerse en
manos de ginecólogas y ginecólogos porque somos los especialistas
encargados de asesorar adecuadamente acerca de los métodos de
prevención del embarazo y del seguimiento de los controles
rutinarios que se necesitan para conseguir una adecuada salud
sexual. Y hoy disponemos de un amplio abanico de posibilidades
contraceptivas que están al alcance de todas las personas. Y el
aborto no está entre ellas, tan sólo se trata de un recurso extremo
al que sólo se debería llegar en determinadas ocasiones en un país
mínimamente desarrollado.
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