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QUE HACEN LAS
MUJERES CUANDO ESTAN SOLAS
Comen alimentos "prohibidos" en
cualquier dieta. Ven películas románticas. Hablan y hablan por
teléfono. Convierten el cuarto de baño en su salón de belleza.
Flirtean con desconocidos en Internet. Una abrumadora mayoría hace
tareas domésticas. Frente a la idealizada imagen de la "vida
secreta" de las mujeres, la realidad muestra su soledad como mucho
más prosaica, aunque nada aburrida.
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Muy pocos varones, tan sólo, quizás, los
seductores expertos en atisbar por cerraduras ajenas, han sido
capaces de adentrarse en la puesta en escena más íntima del
continente oscuro, como denominaba Freud a las mujeres. La
curiosidad por saber qué hacen ellas cuando se quedan solas es la
herencia lógica de muchos siglos de empeño en colocar rejas,
cortinas, muros, velos y celosías entre dos géneros de la misma
especie y obligarlos a habitar mundos distintos: privado, íntimo y
abundante en penumbras el de las mujeres; exterior, social y
descaradamente luminoso, el de los hombres.
Pero, ¿tienen realmente las mujeres una vida secreta? Según Manuel
Fraga, sí (recuérdense sus declaraciones respecto a que las mujeres
no revelan nunca el número real de sus amantes) y según Marc Cherry,
creador y director de Mujeres desesperadas (Desperate Housewifes),
también. El éxito de la serie televisiva (30 millones de personas
siguieron el último capítulo de la temporada anterior en Estados
Unidos) tiene entre sus ingredientes la revelación de que, aun en
sus mundos más cotidianos, las mujeres tienen una existencia
compleja e intensa.
Pero, evidentemente, Cherry no lo sabe todo y, además, embellece lo
que intuye. Porque algunas de las cosas que hacen las mujeres solas
son inconfesables. Lo serían incluso para una Bridget Jones. Para un
género cuyo comportamiento ha estado históricamente dictado por la
apariencia y maniatado por el autocontrol, resultaría del todo
inadmisible sacar a la luz aspectos de sí mismo que tienen tan poco
de presentables como, por ejemplo, pasar media hora "reventándome
espinillas en el baño", afición secreta -"porque si me ve mi pareja,
me mata"- que confiesa una jovencísima economista.
"Si me quedo sola, me paso el día entero en tanga. Suelo cantar y
bailar mientras limpio la casa y a veces, incluso, delante del
espejo. Me encanta practicar posturitas delante de él de vez en
cuando", relata una madrileña de 30 años que trabaja para un
importante grupo inmobiliario y que sólo accede a compartir su
secreto tras prometerle que bajo ningún concepto se dará a conocer
su identidad. Desconoce que la mítica Marlene Dietrich fue lo que
fue gracias a invertir horas delante del espejo, cada día,
practicando poses y gestos seductores.
De entre todas las especulaciones sobre la doble vida de las
mujeres, destacan las referidas a su erotismo solitario, ése que
tradicionalmente ha dado de comer a las revistas para hombres,
expertas en las mil formas de sugerir fotográficamente el éxtasis
single. De hecho, la pregunta "¿Qué hacen las mujeres cuando se
quedan solas?" podría hacerse pasar sin problemas por el título
facilón de una película porno. De hecho, basta reproducirla en un
buscador de Internet para darse cuenta de cómo el enigma se presenta
como un auténtico afrodisíaco. "¿Alguna vez te preguntaste qué hacen
las mujeres cuando están solas? Entra aquí y no necesitarás
preguntártelo más", estimula el eslogan de una web erótica; "Alysa y
su amiga nos muestran con lujo de detalles cómo se divierten las
mujeres cuando están solas", contraataca la competencia; "No creerás
lo que son capaces de hacer ciertas mujeres cuando están solas",
tienta al respetable una tercera oferta.
El mito autoerótico
Si nos centramos en la masturbación, según la última encuesta
realizada para Magazine por Sigma Dos, el 24,8% de las mujeres la
practica. No obstante, y en opinión del psiquiatra y sexólogo
clínico Jesús Ramos, autor de Un encuentro con el placer, en torno a
la masturbación femenina existe lo que él denomina "una espesa capa
de silencio" que minimiza su papel en la vida de las mujeres. Para
el experto, éstas tienen "una sensualidad autónoma, propia y ajena
al hombre y a los fines reproductivos". Según sus propias
estimaciones, el porcentaje de mujeres que practica la masturbación
ascendería al 85%.
De las que practican el sexo consigo mismas, según la investigación
de Sigma Dos, sólo un 4% lo hace casi todos los días y el porcentaje
más abultado -27,6%- se conforma con entregarse a la acción varias
veces al mes. Además, la mayor parte de las mujeres que se masturban
son aquéllas que carecen de pareja (58,4%) frente al 29,9% que lo
hace aunque la tenga.
Pero, aun aceptando que las mujeres dediquen parte de sus momentos
de soledad a la masturbación, no parece tratarse del entretenimiento
en el que más energía y tiempo invierten las que viven acompañadas.
Así lo cuenta la actriz porno Anastasia Mayo: "Cuando mi pareja no
está en casa, si me apetece tocarme, me toco. Pero [aclara] también
me dedico a muchas otras cosas, como, por ejemplo, a ver la tele con
una bolsa de papas fritas entre las manos, recordar viejos tiempos
con el álbum de fotos (por cierto, una afición reiteradamente
confesada por nuestras entrevistadas), irme por ahí de compras o
hacer tareas del hogar". Y añade, para explicar esto último: "Creo
que, para muchas mujeres, es inevitable dedicar parte de su tiempo
libre a este tipo de cosas. Supongo que es porque sentimos la
necesidad de tener siempre la cabeza ocupada, de estar distraídas".
La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, autora de Mujeres que piensan
demasiado, cree que la documentada tendencia femenina a llenar el
tiempo (aunque sea limpiando por encima de las 4 horas y 41 minutos
que, de media, invierten en dichas tareas las mujeres, según un
reciente estudio) constituye un intento de huida del pensamiento
excesivo, que ella relaciona con el mayor riesgo de sufrir depresión
que se ha constatado en las mujeres. "Cuando nuestras actividades
diarias nos conceden algún momento de reposo, a muchas de nosotras
nos invaden preocupaciones, pensamientos y emociones que escapan a
nuestro control, que nos van dejando sin energía y que hacen que
nuestro ánimo se venga abajo. Somos víctimas de una tendencia
epidémica a pensar demasiado, a dejarnos atrapar por torrentes de
sentimientos y pensamientos negativos que nos abruman y que
interrumpen nuestro funcionamiento diario y nuestro bienestar".
De todas formas, a tenor de las opiniones recogidas, este síndrome
no debe ser muy frecuente ya que, como concluye Anastasia Mayo,
"tener un momento sólo para nosotras es tan raro que constituye
siempre una especie de acontecimiento".
Para empezar, porque la soledad es hoy un bien tan escaso para las
mujeres que no es cosa desperdiciarla. Así, cuenta la directora de
cine Isabel Coixet, "las pocas ocasiones en que me dejan sola, hago
siempre lo mismo: tomo posesión del sofá, cojo un trozo gigantesco
de Parmesano, abro una botella de Les Terrasses y devoro el Vanity
Fair, el New Yorker y cuando los acabo y queda poco de Les Terrasses,
ya suenan unas llaves en la puerta..".. En efecto, como relata la
socióloga Ángeles Rubio, autora de Superando la soledad, el
principal escollo a la hora de conocer cómo es la soledad de las
mujeres es el hecho de que carecen casi por completo de ella. Para
colmo, explica, tienden a llenar de actividades sociales los pocos
ratos libres que tienen, "así que hablamos de la peor de las
soledades, que es la soledad en compañía. Antes, las amas de casa, a
pesar de que las relaciones vecinales estaban más desarrolladas,
pasaban muchas horas solas en el hogar, pero también poseían un
mayor control de su tiempo. Ahora, incluso aquéllas que no trabajan
fuera asisten a un gran número de actividades organizadas por las
juntas de vecinos, los condominios, las asociaciones, el club.."..
Comer... frente a la tele
Cuidado personal y comida son rituales recurrentes en el tiempo
privado de las mujeres. De hecho, esta última tiene un papel nuclear
en la vida secreta de muchas. No podía ser de otra forma, dadas las
cualidades de placer prohibido que le atribuye una sociedad sometida
a la dictadura de la báscula. Sólo cuando las mujeres se quedan
solas (a salvo de miradas ajenas, incluida la de la propia
conciencia), permiten que sus apetitos se desaten y los colman a
pleno gusto. Porque, como explica Jesús Contreras en ¿Cómo comemos?,
a la delgadez y al régimen se les atribuye hoy un valor moral del
cual resulta muy difícil sustraerse: "La gordura se considera física
y moralmente insana, obscena, propia de perezosos, de glotones".
No resulta extraño, entonces, que las mujeres se escondan cuando
quieren comer sin restricciones. Este tipo de apetitos no suele
dirigirse hacia una docena de ostras con cava ni nada por el estilo,
sino hacia objetivos sorprendentemente infantiles y, por tanto,
mucho más liberadores que cualquier comida formal. "Me siento en el
sofá a ver la tele, como pipas (muchas) y bebo cerveza (mucha
también). A veces, también como sardinas picantes y mojo el pan en
el aceite de la lata", desvela una delicadísima actriz de 50 años a
quien nadie imaginaría jamás en tan terrenal escenario gastronómico.
"Algunas veces, cuando estoy sola -confiesa una pequeña empresaria
inmobiliaria casi siempre a dieta- me como un bocadillo. Puede sonar
raro, pero es algo que nunca me permito hacer en público, ni
siquiera delante de mi familia, por vergüenza, por miedo a que me
vean como una glotona. Otras veces, como cotufas. Y otras, cocino,
porque, curiosamente, me calma. Me quita la ansiedad de comer".
Pero, por mucho que recompense por las habituales penalidades de la
dieta y gratifique vía segregación de endorfinas, el placer de comer
a escondidas se redondea, digamos que es más placer, si va
acompañado de otro... No, no es el de leer, por mucho que lo
practique el 56,2% de la población femenina, según datos del último
barómetro realizado por el gremio de editores... sino el de ver la
televisión. Un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista
Science concluye que ver la tele es la actividad más gratificante
para las mujeres cuando están solas, por encima de hablar por
teléfono o hacer compras. ¿Decepcionante? No desde luego para las
cadenas televisivas, que, según un estudio realizado por el portal
especializado vertele.com, han virado abrumadoramente hacia lo
estrogénico sus respectivas programaciones. Las series, los reality
shows, los programas del corazón, los talk shows, los magazines, los
concursos y las telenovelas son los espacios preferidos por las
mujeres.
Hablan incluso solas
Otra actividad preferente cuando no hay moros en la costa -y, por
razones obvias, una de las más conocidas- es la comunicación: "Llamo
por teléfono a todo el mundo y mantengo conversaciones larguísimas
cuando estoy sola", comenta la directiva del párrafo anterior. Como
relata la filóloga Pilar García Mouton, autora de Así hablan las
mujeres, "desde pequeñas, las mujeres están acostumbradas a hablar
mucho entre sí. Hablan de sentimientos sin pudor, los destripan y
los analizan, en general, con mucha mayor facilidad que los hombres.
Verbalizan sus problemas y parecen resolverlos de alguna forma al
contárselos a sus amigas". Y Ellen Willer, autora de Ni de Marte, ni
de Venus, añade: "Para la mujer, contar sus problemas es
identificarlos, pero también desembarazarse de ellos". Tanto es así
que, como relata la actriz que ha compartido con nosotros sus más
inconfesables actos cuando nadie la ve: "A menudo, hablo sola. Me
sirve para poner las ideas en orden y para zanjar asuntos. Yo me
pregunto y yo me respondo. Yo me riño y yo me felicito. Es como si
lo viese todo más claro al decirlo".
De todas formas, si hay alguien a quien contarle las cosas, mejor
que mejor. De hecho, es inexplicable que los operadores de telefonía
no hayan levantado aún un monumento a sus clientes de género
femenino. Sólo el sector del móvil les debe la vida. Y, lo más
interesante a efectos de este reportaje: una parte de esas llamadas
pertenecen al ámbito más secreto. Porque el celular se está
convirtiendo en el diminuto cómplice de un sector cada vez más
amplio de mujeres ansiosas de nuevas experiencias. Sólo hasta hoy,
una de cada cuatro mujeres menores de 24 años ha utilizado su móvil
para ligar, según el mencionado estudio. Pero existe una vía aún más
discreta y favorable para quienes tienen que guardar un secreto: los
chats de Internet.
Tecnología cómplice
De los usuarios de esta herramienta que permite mantener
conversaciones en tiempo real, habladas o escritas, a través de
Internet actualmente un 39,8% son mujeres, según un estudio de Lycos.
La hora punta es la 1 de la madrugada. Pues bien: según el psicólogo
Loic Roche y el experto en Internet Yannick Chatelain, autores de In
bed with the web, la utilización de este tipo de herramientas
fomenta la infidelidad. Según ellos mismos explican, cada día se
inscriben en Meetic, el mayor sitio de encuentros, 25.000 personas.
Y, evidentemente, muchas tienen pareja. Los autores calculan que,
entre un 15 y un 25% de quienes inician una relación a través de uno
de estos sitios llega a concertar una cita en el mundo real. Pero la
mayoría se conforma con evadirse en el virtual: "Vivía en un pueblo,
tenía problemas con mi pareja, estaba depre, descubrí los chats y
entré a curiosear. Es divertido, ligas y te sientes a salvo. Te vas
a la cama rebosante de autoestima. Por regla general, los hombres
quieren quedar o, como mínimo, hablar por teléfono. Pero yo nunca he
aceptado", explica una profesora de primaria.
De todas formas, no conviene empezar a ver en cada mujer sola pegada
a un ordenador a una infiel en potencia. Nos sorprendería saber
cuántas de ellas utilizan parte de su tiempo libre frente al PC en
asuntos más triviales. "Puede que suene aburrido, pero, aparte de
quitarme espinillas... lo que más hago cuando estoy sola es jugar al
solitario o al tetris en el portátil. Es hipnótico..".. Y totalmente
confesable.
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