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Loterías: probabilidades de que toquen
| ¿Qué juego ofrece más
oportunidades de obtener premio, la lotería o las quinielas?
¿Hay algún método para ganar en los casinos? ¿Por qué es más
fácil de lo que parece que coincidan dos personas con el
mismo cumpleaños? A todas estas preguntas responden las
leyes de la probabilidad y la estadística. |
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¿Qué probabilidad hay de
que toque?
Pocas personas podrán decir que se han resistido a la tentación de
probar suerte con algún juego de azar, como lo atestigua todos los
años el balance económico de Loterías y Apuestas del Estado, el
organismo estatal que controla juegos como las quinielas o las
loterías. En el año 2003, por ejemplo, se jugaron en España algo más
de 8.000 millones de euros, casi un 9% más que el año anterior.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), cada español se
gasta de media al año en juegos de azar unos 208 euros. En cuanto a
los juegos que más pasiones levantan destaca sin duda la Lotería
Nacional, con una participación del 57%; seguida por la Primitiva,
con el 25%; la Bono Loto, con el 7%; la Quiniela con el 6% y, por
último, El Gordo de la Primitiva, con el 4%. Respecto a los lugares
donde más dinero se juega, encabezan la lista Madrid y Barcelona,
seguidas a mayor distancia por Valencia y Alicante.
Ahora bien, ¿qué probabilidades hay de que nos toque el primer
premio en estos juegos? Para responder a esta pregunta se utiliza la
regla de Laplace, que marca por ejemplo que las probabilidades de
acertar un número de un dado son 1 de 6, puesto que se cuenta en el
lanzamiento con seis números posibles. En el caso de la Lotería
Nacional, además de los números en juego, hay que tener en cuenta
las series. En el sorteo semanal de los jueves se emiten 6 series de
100.000 números (00.000-99.999), de los cuales 35.450 se llevan
algún tipo de premio -varios premios "mayores", aproximaciones,
premios "menores" y reintegros- mientras que los sábados y sorteos
especiales como el de la Cruz Roja o el de julio llegan a las 10
series, con el mismo número de premios que los jueves. En cuanto al
sorteo extraordinario de Navidad, se ponen en juego 170 series de
85.000 billetes, de los cuales 13.334 se llevan premio. Así, por
ejemplo, si jugamos un billete de lotería en el premio de Navidad,
la probabilidad de que nos toque el premio mayor es de 1 entre 14
millones y medio (170 series x 85.000 billetes), mientras que en un
sorteo de los jueves, la probabilidad es de 1 entre 600.000.
Por su parte, la ONCE realiza sorteos diarios a excepción del
sábado, con dos sorteos especiales que denominan el “Cuponazo”,
celebrado los viernes, y el “Supercupón”, los domingos. Al igual que
en el caso de la Lotería Nacional, hay que tener en cuenta las
series en juego. Sus boletos llevan 5 cifras que representen 100.000
números y en los sorteos especiales se entrega además un premio
especial si coincide también con la serie. Por ejemplo, acertar el
“Cuponazo” significa una probabilidad de 1 entre 15 millones (150
series x 100.000 números). El número de combinaciones posibles
aumenta, y con ello la dificultad de llevarnos el premio mayor si,
como varios medios de comunicación criticaron el año pasado, se
emiten más cupones de lo que realmente son vendidos, en virtud de un
acuerdo con el Ministerio de Trabajo, que establecía un tope máximo
de reparto en premios del 55% de la recaudación, lo que dejaba
abierta la puerta a la sobre-emisión de cupones.
En cuanto a las quinielas, si hacemos una apuesta sencilla, tenemos
que hacer frente a 3 elevado a la 14 de casos posibles, ya que en
cada uno de los catorce partidos tenemos tres posibles resultados:
1, X, 2. Por lo tanto, hay que dividir nuestra apuesta (1) entre
todas las posibilidades (3 a la 14), con lo que para llevarse el
pleno hay una probabilidad de 1 entre casi 5 millones, si jugáramos
sin tener en cuenta que algunos resultados son más probables que
otros, debido a las diferencias entre los equipos de fútbol en
juego.
En el caso de la Lotería Primitiva, tenemos 49 números, de los
cuáles seis son los que resultan ganadores. Veamos qué
probabilidades hay de ganar el premio máximo con una apuesta
sencilla de seis números. En el primer número extraído nos resultan
favorables seis casos, cualquiera de los nuestros, de entre los
posibles cuarenta y nueve, por lo tanto hay que dividir 6 entre 49.
En la segunda extracción, al haber salido ya un número, quedan cinco
favorables y cuarenta y ocho posibles, es decir 5 entre 48, y así,
en progresión hasta llegar a la sexta, donde llegaríamos a dividir
el último número entre los 44 que nos quedarían posibles. Al unir
todas estas cifras, resulta que la probabilidad de ganar el premio
mayor con esta apuesta simple es de 1 entre 14 millones.
Y si se quiere aumentar aún más el riesgo, en el sorteo semanal que
acaba de estrenar Loterías y Apuestas del Estado, “El Gordo de la
Primitiva”, la probabilidad de llevarse el primer premio es aún
peor, puesto que hay que acertar los 5 números elegidos (entre los
54 posibles) y además el número clave (1 entre 10): 1 entre unos 31
millones. Y siempre se pueden complicar las cosas: los
“Euromillones” tienen una probabilidad de 1 entre 76 millones, y por
ejemplo, en Estados Unidos, una de las loterías más populares, el
”Mega Millions”, el gordo tiene una probabilidad de 1 entre 135
millones.
No obstante, como recuerda Álvaro Ibáñez, de la web sobre tecnología
Microsiervos el que sean mejores o peores para el jugador depende
del porcentaje total que "devuelven" en premios: “La ruleta devuelve
entre el 95% y el 97% de los premios aproximadamente, dependiendo de
si es Ruleta Europea o Americana, la Lotería Nacional y las
tragaperras de los bares el 70%, dependiendo en este último caso de
las normas de cada comunidad autónoma, la Lotería Primitiva el 55%
de lo recaudado, etc.” Asimismo, añade Ibáñez, hay muchos más
factores en el juego que hacen más o menos interesante jugar a uno u
otro juego, como el reparto de los premios para categoría, cuánto se
reparte en total, etc. Por ejemplo, Euromillones cambió las normas y
un 7% que guardaban para botes lo pasaron a un 16%, lo que beneficia
a los que aciertan el premio máximo de 5+2 pero perjudica a los
demás. “En general, todos los juegos similares a la Primitiva están
un poco sesgados en cuanto a que los repartos de premios no son
realmente proporcionales a la dificultad de acertar en cada
categoría. Los premios gordos se llevan una parte enorme del total
(y todos los botes); de esta manera se pueden anunciar grandes
premios jugosos, aunque sean mucho más difíciles de acertar. Por
otra parte, los reintegros no son del todo favorables para los
jugadores: no se gana mucho con ellos realmente. Las loterías los
incluyen simplemente para que se vuelva a reinvertir en más
apuestas. Como a la larga la organización tiene la ventaja, acaba
ganando más todavía simplemente por el hecho de que la gente juega
más”, sentencia Ibáñez.
Estas probabilidades no tienen en cuenta posibles imperfecciones
físicas que tengan los sistemas de extracción de los números, que
alteran lógicamente los resultados. Este hecho sirvió a Gonzalo
García Pelayo y a su familia, a los que acabó por conocerse como los
“Pelayos”, para hacerse millonarios en las ruletas de los casinos de
medio mundo. Como explica Raúl Ibáñez, profesor del Departamento de
Matemáticas de la Universidad del País Vasco y responsable de la web
de divulgación matemática Divulgamat , “ya sea por una manipulación
humana o por una anomalía del sistema, la probabilidad está
alterada. ¿Cómo descubrir una variación? Vamos al lugar de la
apuesta y observamos y apuntamos las respectivas tiradas; cuantos
más lanzamientos podamos considerar mejor. Luego calculamos la
posible probabilidad”. Las ganancias de los Pelayo se elevaron a más
de un millón y medio de euros durante tres años a principios de los
90. Los casinos, cuando descubrieron el sistema, cambiaron las
ruletas de sitio, de modelo o intercambiaron piezas de unas y otras.
¿Cómo puedo ganar?
Si se sigue con ganas de tentar a la suerte, ¿cómo hay que jugar
para ganar? Según Germán Fernández, doctor en Física de Partículas,
la clave reside en jugar regularmente: “Partiendo de que en todos
los juegos de azar el dinero que se reparte en premios es menor que
el que se recauda, una persona que apueste regularmente en un juego
demasiado sencillo ganará muchas veces, pero terminará perdiendo
dinero a largo plazo; por otro lado, una persona que apueste
regularmente en un juego en el que la probabilidad de ganar sea muy
pequeña, posiblemente pierda dinero, pero si gana, ganará mucho más
que lo que haya apostado”. Un apostante que juegue regularmente a la
primitiva durante 50 años, podrá llegar a perder unos 15.000 euros,
aunque la probabilidad de ganar el premio mayor alguna vez en su
vida se reduce a una de entre 700. Un apostante que juegue
regularmente a la primitiva durante 50 años, podrá llegar a perder
unos 15.000 euros, aunque la probabilidad de ganar el premio mayor
alguna vez en su vida se reduce a una de entre 700
El mismo razonamiento le lleva a Fernández a afirmar que no merece
la pena participar en las conocidas como "peñas de apuestas": “Al
aumentar las probabilidades de acierto, la cuantía del gasto se
aproxima a la del posible premio. En una peña de 7.690 miembros que
juegue 7.690 apuestas todos los días (con el mismo gasto individual)
se obtendrán unos 10 premios a lo largo de los 50 años, pero habrá
que repartir las ganancias entre los 7.690 miembros, 10/7690 premios
por persona, cerca de 1.500 euros”. Por tanto, si nos atenemos a las
matemáticas, conviene invertir el dinero en algo más tangible. Pero
como opina Landart, la ilusión, el señuelo de un enorme premio,
impulsa a jugar dejando a un lado la razón, “no me parece mal
mientras uno se lo tome como un juego intrascendente en el que
arriesga poco dinero: de ilusiones también se vive, y siempre hay
alguien al que le toca la suerte".
Y hablando de suerte, ¿hay quién tiene más suerte que otros? Así
parecen pensarlo las miles de personas que compran un décimo en la
administración de Sort (Lleida), la famosa “Bruixa d'Or". La
historia tiene todos los ingredientes para pensar que la suerte,
después de todo, aunque pudiera parecer lo contrario, sí existe...
por lo menos, para su propietario, que se ha hecho millonario.
Cuando menos, se trata de una historia curiosa: un pueblo con un
nombre ideal para los amantes de las coincidencias y las
supersticiones, un premio gordo de la lotería del Niño de 1994 que
empieza a llamar la atención, y un avezado empresario, Xavier
Gabriel, que aprovecha Internet para vender millones de euros en
décimos. Si unimos todos estos ingredientes, no es de extrañar que
este año por el Gordo de Navidad hayan facturado 29 millones de
euros y hayan repartido 390 millones de euros en premios, y que el
año pasado facturaran 22 millones y repartieran 120. Aunque tienen
más probabilidades de vender el ‘gordo’ simplemente por el volumen
de su negocio (es la administración de lotería que más vende), si
nos acogemos a las cifras la verdad es que la suerte les ha sonreído
este año: vendiendo un 1% de los décimos que se jugaban en toda
España, han repartido de nuevo el premio Gordo.
Matemáticas y juegos de azar
La Probabilidad y la Estadística se encargan del estudio del azar
desde el punto de vista de las matemáticas: la primera propone
modelos para los fenómenos aleatorios, es decir, los que se pueden
predecir con certeza, y estudia sus consecuencias lógicas, mientras
que la segunda ofrece métodos y técnicas que permiten entender los
datos a partir de modelos. De esta manera, el Cálculo de las
Probabilidades es una teoría matemática y la Estadística es una
ciencia aplicada donde hay que dar un contenido concreto a la noción
de probabilidad.
En este sentido, el cálculo científico de probabilidades puede
ayudarnos a comprender lo que en ocasiones la intuición nos indica
de manera errónea. Un ejemplo típico es la denominada “paradoja de
los cumpleaños”. Supongamos que estamos en un grupo de 23 personas.
Los cálculos nos dicen que la probabilidad de que dos personas
celebren el mismo día su cumpleaños es del 50%, algo que a simple
vista parece increíble. No es de extrañar por tanto que la Teoría de
Probabilidad se utilice en campos tan diversos como la demografía,
la medicina, las comunicaciones, la informática, la economía y las
finanzas No es de extrañar por tanto que la Teoría de Probabilidad
se utilice en campos tan diversos como la demografía, la medicina,
las comunicaciones, la informática, la economía y las finanzas
Sin embargo, a diferencia de otras ramas clásicas de la matemática,
su certificación como teoría matemática no se produce hasta los años
treinta del siglo XX, gracias al físico y matemático Andrei
Nikolaevich Kolmogorov. Hasta entonces, la teoría de probabilidad se
movió entre aquellos que pretendían comprender los juegos de azar,
lo que llevó por ejemplo a que la clase alta europea durante el
siglo XVII se planteara numerosas cuestiones teóricas.
En cuanto al concepto en sí, la probabilidad y el azar siempre ha
estado en la mente del ser humano. Por ejemplo, sumerios y asirios
utilizaban un hueso extraído del talón de animales como ovejas,
ciervos o caballos, denominado astrágalo o talus, que tallaban para
que pudieran caer en cuatro posiciones distintas, por lo que son
considerados como los precursores de los dados. En el caso de la
civilización egipcia, algunas pinturas encontradas en las tumbas de
los faraones muestran tanto astrágalos como tableros para el
registro de los resultados. Por su parte, los juegos con dados se
practicaron ininterrumpidamente desde los tiempos del Imperio Romano
hasta el Renacimiento, aunque no se conoce apenas las reglas con las
que jugaban. Uno de estos juegos, denominado “hazard”, palabra que
en inglés y francés significa riesgo o peligro, fue introducido en
Europa con la Tercera Cruzada. Las raíces etimológicas del término
provienen de la palabra árabe “al-azar”, que significa “dado”.
Posteriormente, en el “Purgatorio” de Dante el término aparece ya
como “azar”.
La Estadística tiene su origen mil o dos mil años antes de Cristo,
en Egipto, China y Mesopotamia, donde ya se hacían censos para la
administración de los imperios. Como ejemplo curioso, los egipcios
tuvieron un instrumento llamado "Nilómetro", que servía para fijar
los impuestos a partir del caudal del Nilo: cuánta más agua se
medía, más fértiles eran las orillas del río, y por lo tanto, más
impuestos podían pagar los lugareños
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