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QUIÉN SUFRE POR LAS LOLITAS?
Vladimir Nabokov causa un gran
revuelo en los años 50, cuando introduce con su novela homónima el
concepto de Lolita en el lenguaje cotidiano: se diría que es una
situación de precocidad en el desarrollo y conocimiento físico y
psíquico de caracteres y comportamientos sexuales mediante
experiencias y vivencias prematuras, en las cuales la niña es capaz
de experimentar y despertar pasión amorosa o fuertes sentimientos
eróticos y sexuales en los demás.
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Lolita, hoy, podría tener entre 9 y 13
años. Muchos son los factores que explican el fenómeno, pero el más
claro es, sin duda, una identificación exagerada con ídolos de moda
que se aprecia en comportamientos sensuales y provocadores muy
avanzados. La familia no está exenta de responsabilidad, por no
saber detectar el riesgo a que estas preadolescentes puedan estar
expuestas, o por el chantaje al que se ven sometidos por la niña,
porque sus amigas hacen esto o aquello y ella no va a ser diferente.
Observamos que se avanza de una manera notable la etapa del showing
(el coqueteo), caracterizada por todas aquellas conductas dirigidas
a provocar en el otro una atención especial y a conseguir que se
fije en nosotros, actuando como un espejo que nos informa de que
todo marcha bien. El coqueteo se manifiesta entre los 13 y los 15
años y es, por otra parte, un indicador sano y necesario porque
influye en la construcción de la autoestima.
Si una Lolita se inicia a los 9 años, debemos reflexionar sobre el
hecho de que, a esta edad, la familia representa un papel estelar en
la autoridad, transmisión de valores, contención social y
acompañamiento activo en la cotidianeidad de la hija. Es la edad de
preparar los apoyos psicológicos y morales tan necesarios para el
inmediato inicio de la adolescencia. Pero aún no está previsto el
juego amoroso, porque tampoco se han desarrollado las habilidades
sociales adecuadas para la valoración y toma de decisiones ante una
invitación o correspondencia a participar en el juego propuesto.
CONSIDERAMOSque ser Lolita es una estafa social, porque las
vivencias a que se obliga no se corresponden con lo propio de su
edad y se constituyen en elementos distorsionadores de su
personalidad, de difícil manejo psicológico y social para las niñas.
Ante frases como "quiero ser famosa", "quiero ser como María Isabel"
o preguntas tales como "¿estoy sexy?" o "¿cuándo me puedo poner
tanga?", podemos pensar que son cosas de niñas; pero si se hacen
reiteradamente y se acompañan de aislamiento, secretismo,
comportamientos inadecuados con adultos y bajo rendimiento escolar,
nos sugieren mayor vulnerabilidad, insuficiente peso de los valores
familiares y una influencia negativa de los medios y del grupo.
En definitiva, una invasión --¿ilegal?-- de los medios de
comunicación en los sueños infantiles, bajo la responsabilidad de la
familia y la pasividad de los estamentos educativos. Su madurez
aparente, adobada con independencia precoz, le permite desenvolverse
sin la supervisión del adulto.
¿Cómo actuar ante indicios o pistas de futuras Lolitas? Nos asustan
los padres que se emocionan con las exhibiciones que las hijas hacen
en TV, en concursos dudosamente infantiles y en los que se aprecia
claramente la diferencia entre una niña Lolita y otra que no lo es.
Cuando se contorsionan imitando a cantantes famosas, vibra la
audiencia; pero otras personas con sentido y sensibilidad, y los
profesionales de la educación y de la salud psicológica y mental,
temblamos de pánico ante el triste futuro que se presenta para
ellas, que no son conscientes del morbo que producen en la audiencia
--¿o sí?--, y los padres no son capaces de ponderar los riesgos del
falso éxito al que exponen a sus muñecas.
La familia responsable debe estar alerta ante cambios que apunten
hacia comportamientos inadecuados para la edad. Ha de acompañar a la
niña en su desarrollo y actuar en el escenario correspondiente
representando el papel de padres, no de amigos. Hay que corregir,
marcar límites y, como decíamos en alguna ocasión, contradecir y
contrariar si es necesario, porque únicamente de esta manera se
llega a madurar y a comprender los valores asociados a la
adolescencia, como el autocontrol y el respeto por uno mismo y por
los demás.
ESTAMOSmuy atentos a la nueva cultura del trabajo que nos promete
con la conciliación familiar, personal y laboral de los padres y las
madres, porque si algo es urgente e importante es educar, y ello
supone dedicar mucho tiempo y de gran calidad a disfrutar y sufrir
del placer y la obligación de hacerlo. Me gusta que nuestra hija de
13 años aún sea un poco infantil. Necesita tiempo para construirse
por dentro. Mientras, la acompañamos en su maduración y en el
cuidado de su aspecto externo, pero conteniendo con mucho esfuerzo y
dedicación los estragos de la moda y de la presión mediática.
Profesora universitaria del Departamento de Psicología Evolutiva y
de la Educación .
La lolita que encarnará "Cien cepilladas antes de dormir"
¿Qué hacer cuando la nena de papá se viste como una femme
fatal?
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