En los últimos días, dos grandes medios, The Economist y The Washington Post, han dado su bendición a Firefox. Destacan que su nueva versión contribuye a hacer más libre a Internet y más segura para los usuarios. Firefox 1.5 permite protegerse mejor de esas webs fraudulentas que buscan engañar al internauta con una apariencia similar a la de, por ejemplo, un banco.
Los dos artículos contradicen el argumento empleado por los gigantes del sector, que sostienen que sólo una gran compañía puede prestar el servicio necesario para emplear en condiciones las herramientas de la web. Firefox no encierra ningún secreto oculto. Sus tripas están disponibles para que cualquiera pueda meterse en ellas y, ya que pasa por allí, solucionar los problemas que tenga.
Ya se sabe que, a diferencia del Explorer, los usuarios de Firefox no se ven inundados por una marea de ventanas abiertas. El sistema de pestañas, abiertas en un sola ventana, tiene además otra novedad: las pestañas pueden trasladarse de un lado a otro, algo muy útil cuando han quedado separadas por un río de direcciones que el internauta irreductible se niega a cerrar.
Obviamente, la nueva versión continúa bloqueando los molestos pop-ups, y sólo ya por eso debería contar con el agradecimiento de los usuarios.
En términos de ventajas para el usuario, el Explorer que reside en cada ordenador del planeta está muerto. Microsoft lo sabe y lleva un tiempo, quizá demasiado, preparando la salida de su nuevo navegador. Esta vez, con algo más de humildad, incluso ha pedido y obtenido el permiso de Firefox para adoptar el icono de RSS que emplea Firefox.
No será lo único que copie. Al menos, eso esperan los usuarios de Internet.