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Antonio entró por
primera vez en una de estas páginas hace cuatro
años. A partir de ese momento su vida se convirtió
en un camino hacia las deudas. En una sola noche
llegó a gastarse más de 6.000 euros. "Toqué fondo,
cuando llegue a Azajer pensaba ya en el suicidio, en
matar a alguien, en ir a la cárcel. No sabía a quien
acudir", explica.
Su gasto en los
casinos virtuales le obligó a rehipotecar su casa y
luego a venderla para poder pagar las deudas.
Finalmente, tuvo que pedir ayuda a la familia y su
hermana le acogió en su casa. "Casi nadie va a la
asociación por su propia voluntad, yo fui porque ya
no me quedaba nada ni nadie a quien recurrir. Ya
nadie me prestaba dinero", asegura.
Ahora, afirma llevar
una "vida ordenada" y confía en recibir el alta este
verano. Sin embargo, las secuelas de su adicción
todavía le persiguen: tiene la nómina embargada para
pagar los 20 millones de pesetas que todavía debe.
"Creo que en todos los años en los que fui adicto he
perdido alrededor de 30 millones", explica. De
internet ya no quiere saber nada: "Todo lo que me
ofrecía lo puedo encontrar en la calle".
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